martes, 30 de agosto de 2016

Mi aborto.



Nunca había estado tan firme en una decisión como hasta hace una semana. Siempre apoyé el aborto, he de decir que jamás había experimentado tal situación, pero lo apoyaba con todas mis fuerzas, por empatía, por libertad y un millón más de motivos, pero desde el pasado día 22 de Agosto lo defiendo aún más. Estaba de un mes, un mes en el que noté cada cambio de mi cuerpo, un mes que bastó para empezar a organizar mi vida en torno a un ser aún sin formar, una pequeña célula que crecía en mi y en ocho meses tendría vida propia. Sobra decir que esperábamos con mucha ilusión el paso de los días, pero no pudo ser, sufrí un aborto completo, natural, algo que es más común de lo que pensamos, pero que jamás piensas que podría pasarte a ti. Sólo una mujer que ha pasado por un embarazo o un aborto puede saber con exactitud lo que yo he pasado, tanto emocionalmente como físicamente. Voy a empezar con el lado emocional, al saber que estaba embarazada una ilusión se apoderó de mi, ya hacía planes, pensé nombres, como sería la silla, su cama, como lo educaría, etc, notaba mis cambios hormonales, personalmente me dio por llorar con cada cosa, vídeo o texto precioso que me topase. Estaba cansada, sólo quería dormir y despertaba con mucha hambre, hambre sobre todo de cositas frescas y fruta. Tenía los pechos muy sensibles, me dolían, no soportaba estar sin sujetador, notaba pequeños tirones en el bajo vientre, muchos gases y por las noches como hiciera calor era imposible dormir. Pasaron los días y tuve un pequeño sangrado, me vine abajo, pensé que sería un aborto, pero no, fue un sangrado de implantación, eso significa que el óvulo se había agarrado a las paredes del útero y aunque aún no se veía nada la hormona decía que sí, que estaba ahí. A la semana de ése sangrado tuve otro, más grande, con coágulos, para ser clara, vi como aquello que habíamos creado mi marido y yo se desvanecía por mi vagina. Después de ése sangrado llegó de nuevo una ecografía intravaginal, imaginaros, yo abierta de piernas con toda mi dignidad y un tubo enorme mirando en mi interior. Lo que más me temía llegó, el ginecólogo poco amable  me dijo, estabas embarazada, pero ya no, has tenido un aborto, así de frío fue, yo tuve que aguantar mis lágrimas por no tener que soportar una frase que ya me habían dicho, hija, no llores, si estás de poco tiempo. No me dieron más recomendaciones que descansar un poco, tomar mi ácido fólico y hierro y volver a intentarlo cuando quisiera. Lo peor llegó al día siguiente de la revisión, los dolores no me dejaban ni orinar, seguía sangrando, mi pecho ya no dolía, ni estaba sensible, pero tenía el vientre vacío y lleno de dolor, y sí, hablo de forma literal, nolotil y lormazepam para dormir si era necesario y a hacer vida de nuevo, eso fue todo, ni ayuda profesional ni apoyo profesional, fui sólo una chica en una consulta con un aborto, como si estar embarazada fuera como tener un maldito resfriado. He de reconocer que hasta hace dos días no era capaz de intimar con mi marido, me sentía culpable. ¿Qué quiero decir con todo esto? ¿Hasta dónde quiero llegar? Muy sencillo, si para mi has sido todo un obstáculo enorme imaginaros para todas ésas mujeres que por los motivos que sean deciden interrumpir el embarazo. Si a mi, que quería ése bebé, me trataron con ésa frialdad podréis imaginaros como tratan a aquellas mujeres que voluntariamente deciden interrumpir su embarazo. Por eso es necesario que sea libre y gratuito, porque no se hace por gusto, creedme cuando os digo que no es una situación y experiencia agradables. Nadie hace esto por gusto o por desdén a la vida. Muchas mujeres mueren mientras les hacen el legrado, porque algunas, con fortuna, pueden interrumpir el embarazo con un fármaco y tienen un aborto limpio y completo, pero las que no tienen la misma suerte tienen que hacerles un legrado, eso significa que deben entrar en ti con instrumentos quirúrgicos y literalmente arrastrar con todo lo que hay en tu vagina. Y eso, queridos cuñados, no es nada placentero, además de como acabas
psicológicamente, porque acabas agotada, y no sólo físicamente. Después de algo así es muy complicado hacer vida normal, primero por los dolores y después por desprenderte de una cosita que llevabas dentro y sentías como cada día iba creciendo, los cambios en el cuerpo son notorios y contra eso no hay argumento posible. Yo quería tenerlo, pero al igual que aquellas mujeres que deciden terminar con su embarazo, ambas hemos pasado por un dolor físico difícil de explicar. Duele cuando te mueves, duele cuando te levantas, sientes tu cuerpo completamente destrozado, vacío y podría asegurar que tanto para mi que deseaba el bebé, como para aquellas mujeres que deciden interrumpir el embarazo no es una situación agradable, los dolores son tan agudos que ni un Lormazepam es capaz de hacerte dormir, el riesgo de contraer infecciones, no saber cómo colarte en el sillón o la cama. Repito, no es nada agradable, por eso hoy me siento aún más decidida en mi lucha por un aborto libre, gratuito y seguro, sin juicios, sin rechazos. Hoy sé que mis palabras tendrán un nuevo sentido.  Yo, personalmente, he estado una semana con dolores más agudos de lo que os podéis imaginar, sin poder estar más de media hora en una mismo postura, sin ganas de nada, vacía, estaba vacía, mi mente no paraba de pensar en un millón de cosas, hasta me culpaba por no haber cuidado bien de lo que venía en camino. Aún hay momentos en los que cuando hago un esfuerzo un poco mayor automáticamente me toco la tripa, imaginaros, si para mi es duro con las ganas que tenía de ser madre, que duro será para aquellas mujeres que posiblemente quieran serlo pero por los motivos que sean no puedan en estos instantes. Por eso os pido que la próxima vez que juzguéis a una persona que ha interrumpido su embarazo penséis un poco en todo lo que conlleva, no es desprenderse de una futura vida, es un millón de cosas más.